martes, 29 de junio de 2021

La Marisma Palaciega (1)


 Los Palacios y Villafranca es un pueblo de campiña y marismeño. Su marisma, hoy transformada en arrozal y tierras de cultivo hortofrutícola y regadío, fue en otro tiempo, espacio infinito repleto de agua, naturaleza y cultura, territorio palaciego vivo y vivido.

Frente a la imagen de una marisma hostil, lúgubre e incomprensible al cronista y viajero ilustrado del XVIII que la describe [1], hay otra marisma vivida: la del conocimiento vernáculo de su gente, la del saber empírico de sus ciclos y mejores sitios de pasto para el ganado, pesca, caza y recolección.

Hoy, desde la distancia en el tiempo, el aprovechamiento de los recursos marismeños y su entorno, se presenta como conocimiento tradicional [2] y su práctica, más recuerdo que oficio y, en el mejor de los casos, patrimonio cultural inmaterial [3].

La imagen del manejo tradicional del ganado marismeño sigue viva en la saca de yeguas en Almonte, pero también en la figura retinta siempre presente en el paseo por el Brazo del Este; la pesca antigua en las aguas de la maraña de brazos y caños del Guadalquivir [4], en las nasas y cangrejos del arrozal y en un una volá sobre el canal de la Dársena de una atarraya; la de la caza, furtiva siempre y consentida a veces, en la pólvora mojada, de escopetas y cañones de los herederos de la tradición patera de los Palacios y Villafranca [5]; mientras que del uso de lo verde como alimento o condimento sabroso, sigue vivo en las cazuelas de tagarninas, collejas y espárragos, y en el ramillete de tomillo, hinojo y romero, lejos quedaron los berros y pamplinas de agua, las cerrajas y las verdolagas, más aun los bocados a bayuncos, castañuelas y candilejos en época de hambre.

+INFO

[1] CRUZADO GONZÁLEZ, ANTONIO (2007). Evolución histórica de Los Palacios y Villafranca. Tomo II. Pp: 17-18.

[2] PARDO DE SANTAYANA, MANUELA; MORALES, RAMÓN; ACEITUNO, LAURA; MOLINA, MARIA (2014). Inventario Español de los Conocimientos tradicionales relativos a la biodiversidad. Primera fase: Introducción, metodología y fichas. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente.

[3] OAPN (2019). Catálogo abierto del patrimonio cultural de la Red Española de Reservas de la Biosfera. Organismo Autónomo Parques Naturales. Madrid. 525 pp.

[4] AGUDO TORRICO, JUAN; SABUCO CANTÓ, ASSUMPTA (1999). La pesca en el Bajo Guadalquivir. Entre la tradición y el aprovechamiento de los nuevos recursos pesquero. Narria. Estudios de artes y costumbres populares 85-88: 27-36.

[5] ACOSTA NARANJO, RUFINO (2004). Pan de Marisma. La caza como medio de vida en Doñana. Publicaciones del Comité Español del Programa Hombre y Biosfera - Red IberoMaB de la UNESCO. 190 pp.

 

lunes, 28 de junio de 2021

Poesía y Gastronomía: Lope de Vega y Sevilla



¡Adiós, Sevilla del alma;
adiós, Sevilla, soberbio
teatro del mundo, esfera
de la discreción, y centro
de la grandeza de España,
y cifra, y mundo pequeño;
pan de Gandul de mi vida,
roscas de Utrera, del cielo,
alcaparrón como el puño,
aceitunas como el cuerpo;
sábalos como Alamillo,
ostiones en cárcel presos
por valerosos pescados;

sardinas, lenguados frescos,
pámpanos, sollos, acedias,
lampreas, barbos, cangrejos,
camarón con lima, vino
de Cazalla blanco y negro;
que a Castilla y a Aragón,
a comer siempre carnero,
me llevan, por mi desdicha,
travesuras de Don Tello

LOS VARGAS DE CASTILLA


domingo, 1 de noviembre de 2020

Santos, Difuntos y otras cosas del comer

Noviembre comienza con los días de todos los Santos y Difuntos, fiestas religiosas que nacen como ritos y costumbres paganas de cambio y muerte de cultura y naturaleza.


Los equinoccios de marzo y septiembre anuncian la llegada de la primavera y el otoño. Cuarenta días mágicos de cambio y paso de estrellas y planetas, entre el comienzo de la primavera y el campo florido repleto de romerías entre el 13 y 15 de mayo; cuarenta también entre el comienzo del otoño y los Santos y Difuntos del 1 y 2 de noviembre.

Con el día de Todos los Santos, la iglesia católica honra a los cristianos caídos en tiempos de persecución y campo de mártires y a todos los Santos olvidados. El de Difuntos es día de oración por las almas de los fallecidos que moran en el purgatorio y recuerdo de familiares. Pero antes que la iglesia marcara en su calendario como propios, culturas y religiones anteriores ya señalaron el 31 de octubre como principio y fin de año, con una noche mágica dedicada al sacrificio de dioses de la fertilidad, faunos, chamanes y brujas, en la que la barrera entre lo vivo y lo muerto se estrecha, y en la que las ánimas frías y blancas, anticipo del invierno, vuelven a la tierra.

Con noviembre acaba el otoño, es tiempo de migas, de envero de aceituna, de siembra de grano en la campiña, y de cosecha de membrillos y granás en la huerta. En el monte, es tiempo de bellotas y castañas, también de recogida y guarda del ganado.


En estos días de Santos y Difuntos, como los centros florales al campo santo, olvidado durante el resto del año, vuelven a muchos pueblos las gachas o poleás. Las cocinas se llenarán de peroles o sartenes hondas de cabo largo para llenar de aceite virgen, harina y coscorrones de pan. Aromas de matalahúva, canela y almendra despertarán los recuerdos de la infancia perdida.

Y es que las gachas, como otros dulces de otoño, buñuelos y huesos de santo, son plato típico de estos días en muchos pueblos de la provincia. Su origen está unido a la celebración y cosecha anual de los frutos de temporada, tributo de difuntos pero también de nuestros miedos a su regreso. Según la tradición, fueron las gachas el sello perfecto de harina y agua para tapar cerraduras de viejas puertas por las que las ánimas podían anunciar la muerte venidera.

Sea o no éste su origen, como las migas en tiempo de lluvia, las gachas reúnen a la familia en torno a una buena sartén de cuchara y paso atrás, un ejemplo más de una cultura alimentaria que hace del comer algo más que alimentarse, en este caso homenaje a los que se fueron, desde el cariño de los que hoy nos quedamos, confinados, llenos de zozobra, perdidos y atados sin poder partir al campo santo de nuestro pueblo.

sábado, 21 de marzo de 2020

Poesía y Gastronomía. Baltasar de Alcázar (2)


TRES COSAS – BALTASAR DE ALCÁZAR

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.


Esta Inés (amantes) es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.


Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.


Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.


En gusto, medida y peso
no le hallo distinción,
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.


Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y berenjena
la española antigüedad.


Y está tan en fil el peso
que juzgado sin pasión
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.


A lo menos este trato
de estos mis nuevos amores,
hará que Inés sus favores,
me los venda más barato.


Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.


martes, 6 de agosto de 2019

Baltasar de Alcázar. Espada, Pluma y Cuchara


Baltasar de Alcázar (1530-1606) fue personaje ilustre sevillano que por andar anduvo enredado entre batallas, poemas y cocinas. De sus andanzas de guerrero y gobernante daremos cuenta en otro momento y espacio. Toca pues alabar, entre tanto relato de centenario e ilustres coetáneos de gesta magallánica, al maestro literato y su poesía.

Baltasar de Alcázar (1530-1606)

Escribe el poeta sobre las cosas del querer, el vivir y el yantar, pretexto para unos y otros de adjetivarlo de mujeriego, costumbrista y gastrónomo adelantado de su época. Recogemos aquí a modo de aperitivo y entrada tres de sus redondillas dedicadas al comer: La cena (jocasa), quizás las más conocida, Preso de amores y La Vejez; tres ejemplos de comunión entre el escribir y el comer, la poesía y la comida en una época gloriosa de la literatura y la gastronomía sevillana, Saber y Sabor de la Sevilla Antigua.

Una cena (jocosa)

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa
y diréte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués…
Pero cenemos, Inés
si te parece primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas del vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco, fue, Inés, este toque,
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se traxo?
Mas ya…, de la del Castillo
diez y seis vale el cuartillo,
no tiene vino más baxo.

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba,
no es menester alaballo;
sólo una falta le hallo
que con la priesa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡oh gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.

Pues, sus, encójase y entre
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo tras añejo,
porque con más gusto comas,
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia mi consejo.

Mas di, ¿no adoras y aprecias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica;
tal debe tener de especias!

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios:
mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
no tiene que ver con el.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala
bien puedes bogar su remo.

Haz, pues, Inés, lo que sueles,
daca de la bota llena
seis tragos; hecha es la cena,
levántese los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo…
Las once dan, yo me duermo;
quédese para mañana.

Preso de amores

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.

Esta Inés (amantes) es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.

Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.

En gusto, medida y peso
no le hallo distinción,
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.

Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y berenjena
la española antigüedad.

Y está tan fiel en el peso
que juzgado sin pasión
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.

A lo menos este trato
de estos mis nuevos amores,
hará que Inés sus favores,
me los venda más barato.

Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.

La Vejez

Deseáis, señor Sarmiento,
saber en estos mis años,
sujetos a tantos daños,
cómo me porto y sustento.

Yo os lo diré en brevedad,
porque la historia es bien breve,
y el daros gusto se os debe
con toda puntualidad.

Salido el sol por oriente
de rayos acompañado,
me dan un huevo pasado
por agua, blando y caliente.

Con dos tragos del que suelo
llamar yo néctar divino,
y a quién otros llaman vino
porque nos vino del cielo.

Cuando el luminoso vaso
toca en la meridional,
distando por un igual
del Oriente y del ocaso

me dan asada y cocida
una gruesa y gentil ave,
con tres veces del suave
licor que alarga la vida.

Después que cayendo, viene
a dar en el mar Hesperio,
desamparado el imperio
que en este horizonte tiene;

me suelen dar a comer
tostadas en vino mulso,
que el enflaquecido pulso
restituyen a su sér.

Luego me cierrán la puerta,
yo me entrego al dulce sueño,
dormido soy de otro dueño;
no sé de mi nueva cierta.

Hasta que, habiendo sol nuevo
me cuentan cómo he dormido:
y así de nuevo les pido
que me den néctar y huevo.

Ser vieja la casa es esto:
veo que se va cayendo,
voile puntales poniendo
porque no caiga tan presto.

Más todo es vano artificio;
presto me dicen mis males
que han de faltar los puntales
y allanarse el edificio.

miércoles, 26 de junio de 2019

Paremia alimentaria: La aceituna

Paremia con Sabor y Saber de la Provincia de Sevilla. La aceituna (1)

Una por San Juan ciento por Navidad

Olivares del entorno de la Hacienda y Dolmen de La Pastora. Valencina

miércoles, 9 de enero de 2019

A orillas del Guadalquivir. CORIA DEL RÍO

Guadalquivir (Coria del Río, SEVILLA)

Guadalquivir (Coria del Río, SEVILLA)

Guadalquivir (Coria del Río, SEVILLA)

Guadalquivir (Coria del Río, SEVILLA)