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martes, 29 de junio de 2021

La Marisma Palaciega (1)


 Los Palacios y Villafranca es un pueblo de campiña y marismeño. Su marisma, hoy transformada en arrozal y tierras de cultivo hortofrutícola y regadío, fue en otro tiempo, espacio infinito repleto de agua, naturaleza y cultura, territorio palaciego vivo y vivido.

Frente a la imagen de una marisma hostil, lúgubre e incomprensible al cronista y viajero ilustrado del XVIII que la describe [1], hay otra marisma vivida: la del conocimiento vernáculo de su gente, la del saber empírico de sus ciclos y mejores sitios de pasto para el ganado, pesca, caza y recolección.

Hoy, desde la distancia en el tiempo, el aprovechamiento de los recursos marismeños y su entorno, se presenta como conocimiento tradicional [2] y su práctica, más recuerdo que oficio y, en el mejor de los casos, patrimonio cultural inmaterial [3].

La imagen del manejo tradicional del ganado marismeño sigue viva en la saca de yeguas en Almonte, pero también en la figura retinta siempre presente en el paseo por el Brazo del Este; la pesca antigua en las aguas de la maraña de brazos y caños del Guadalquivir [4], en las nasas y cangrejos del arrozal y en un una volá sobre el canal de la Dársena de una atarraya; la de la caza, furtiva siempre y consentida a veces, en la pólvora mojada, de escopetas y cañones de los herederos de la tradición patera de los Palacios y Villafranca [5]; mientras que del uso de lo verde como alimento o condimento sabroso, sigue vivo en las cazuelas de tagarninas, collejas y espárragos, y en el ramillete de tomillo, hinojo y romero, lejos quedaron los berros y pamplinas de agua, las cerrajas y las verdolagas, más aun los bocados a bayuncos, castañuelas y candilejos en época de hambre.

+INFO

[1] CRUZADO GONZÁLEZ, ANTONIO (2007). Evolución histórica de Los Palacios y Villafranca. Tomo II. Pp: 17-18.

[2] PARDO DE SANTAYANA, MANUELA; MORALES, RAMÓN; ACEITUNO, LAURA; MOLINA, MARIA (2014). Inventario Español de los Conocimientos tradicionales relativos a la biodiversidad. Primera fase: Introducción, metodología y fichas. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente.

[3] OAPN (2019). Catálogo abierto del patrimonio cultural de la Red Española de Reservas de la Biosfera. Organismo Autónomo Parques Naturales. Madrid. 525 pp.

[4] AGUDO TORRICO, JUAN; SABUCO CANTÓ, ASSUMPTA (1999). La pesca en el Bajo Guadalquivir. Entre la tradición y el aprovechamiento de los nuevos recursos pesquero. Narria. Estudios de artes y costumbres populares 85-88: 27-36.

[5] ACOSTA NARANJO, RUFINO (2004). Pan de Marisma. La caza como medio de vida en Doñana. Publicaciones del Comité Español del Programa Hombre y Biosfera - Red IberoMaB de la UNESCO. 190 pp.

 

viernes, 28 de septiembre de 2018

Gente del arroz y el arrozal

En nuestra propuesta de revalorización de la cultura arrocera [1] destacamos la importancia del paisanaje como pilar fundamental del patrimonio alimentario del arroz (producto) y el arrozal (paisaje). A las puertas de la  nueva cosecha, rendimos homenaje a la gente que nos acompañó en nuestros primeros paseos por la marisma arrocera del Bajo Guadalquivir [2,3]:


Phototracking Sevilla. Gente del Brazo del Este (1) y (2)
+INFORMACIÓN

[1] De la Cultura del Arroz al Patrimonio Arrocero de la Provincia
[2] Gente del Brazo del Este (1)
[3] Gente del Brazo del Este (2)
Imágenes: Antonio Rúa

viernes, 21 de septiembre de 2018

La Memoria del Agua. Canal del Bajo Guadalquivir

La Mejorada (Los Palacios y Villafranca)

Acueducto de San Juan (Los Palacios y Villafranca)

El Arenoso (Dos Hermanas)

Arroyo San Juan (Los Palacios y Villafranca)

jueves, 20 de septiembre de 2018

domingo, 16 de septiembre de 2018

Paisajes y contrastes del Brazo del Este (2)





Paisajes y contrastes del Brazo del Este (1)





De la cultura del arroz al patrimonio arrocero de la provincia de Sevilla

El arroz como producto alimentario, el arrozal como paisaje agrario e industrial, y los arroceros y arroceras como paisanaje son tres pilares básicos del patrimonio arrocero de la provincia de Sevilla.


La producción, transformación, comercialización y consumo del arroz constituyen diferentes eslabones de una cadena alimentaria forjada a orillas del curso bajo del Guadalquivir y su marisma. La aparición de un nuevo cultivo e industria transformó el espacio original en territorio nuevo repleto de sabor y saber. Es este proceso de construcción de uno de los territorios arroceros más importantes del contexto europeo y nacional el marco en el que surgen nuevos estilos de vida y trabajo, elementos de la arquitectura agraria e industrial que dibujan diferentes paisajes a lo largo del tiempo: 1) el del colonato y primeras intervenciones de las compañías que, en aras de la mejora de la navegabilidad del Guadalquivir, la salubridad y rentabilidad de la marisma, operaron desde finales del siglo XIX hasta principios del XX; 2) el de la consolidación del nuevo cultivo hasta mediados del siglo pasado; 3) el de la modernización y mecanización del cultivo e industrialización del sector a lo largo del último tercio, y 4) el que hoy se dibuja bajo nuevos criterios de sostenibilidad ambiental (la particular del entorno del espacio protegido y la sectorial en torno a la gestión de los recursos), económica (la de la escala global y globalización de mercados y la de la calidad y diferenciación del producto) y social (la de la igualdad de oportunidades y el bienestar).

El arroz como producto alimentario tiene valores nutricionales y agronómicos que lo elevan a la categoría de alimento básico mundial como el trigo y el maíz. Por su extensión, productividad y volumen de negocio, su cultivo y transformación, constituye uno de los sectores fundamentales de la actividad económica de la provincia. Se incluye en la dieta mediterránea como base de su pirámide alimenticia y en la cocina local como plato, al menos semanal, de tenedor o cuchara, sea en forma de la tradicional paella, el arroz con carne o marisco, pato o cangrejo, ensaladas en blanco o cascote de puchero y garbanzos. Tampoco falta en la culinaria provincial el sushi y el risotto, sea como oferta de restauración oriental o italiana, o como plato elaborado listo para comer de V gama del lineal.


El arrozal como paisaje agroindustrial tiene interés económico pero también natural y cultural. Como humedal es ecosistema acuático y hábitat con flora y fauna específica y, por su localización, pieza clave de la gestión del conjunto de humedales protegidos del Bajo Guadalquivir, desde Doñana a los Complejos Endorreicos de Utrera, Lebrija y las Cabezas, o las lagunas de los Palacios y Villafranca, pasando por el Brazo del Este. En el ámbito cultural tiene reconocimiento específico como Paisaje de Interés Cultural y conocimiento tradicional incluido en el Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía.

Arroceros y arroceras constituyen el paisanaje que vive y construye el territorio observado, incluyendo colonos y jornaleros, los que estaban en pueblos y poblaciones del Bajo Guadalquivir, los que llegaron desde otros municipios, provincias y países, así como los que se fueron en busca de nuevos horizontes tras la mecanización del arrozal. Por su experiencia y vivencia cercanas en el tiempo son la memoria viva del territorio, el capital humano que participa de la producción, y el colectivo que crea una cultura propia de identidad o pertenencia al grupo y diferenciación comarcal o regional.


Algunos de estos elementos identitarios y diferenciadores de carácter singular  forman ya, de una u otra forma, parte del patrimonio local o regional arrocero. En el ámbito medioambiental,  el arrozal incluido en Doñana y su entorno, o en el Brazo del Este, ya tendría ese reconocimiento y especial protección. En el de la cultura, la definición del Paisaje Cultural Agrario de Isla Mayor así como la inclusión del cultivo del arroz como oficio y saber del Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía son también importantes en cuanto a reconocimiento pero no tanto como protección, aun así, representan una base fundamental sobre la que construir futuras líneas de caracterización  de los diferentes elementos que configuran la cultura arrocera de la comarca.

Desde Sevilla Sabe promovemos el concepto de ricicultura como marco general de actuación y base de un modelo de revalorización integral del conjunto de valores sociales, patrimoniales y económicos del territorio. En el ámbito social creemos que es prioritario consolidar el sentimiento compartido de pertenencia (identidad) pero también de diferencia y reconocimiento de lo propio y su proyección provincial y regional. En lo patrimonial apostamos por un proceso compartido de patrimonialización que desde el conocimiento permita una adecuada planificación, protección y difusión de los elementos singulares del territorio. En lo económico es esta creación del valor territorial la que se incorpora de forma directa como valor añadido y diferenciación de la producción y comercialización de los productos tradicionales del arrozal (arroz y cangrejo), pero también como oportunidad de negocio y desarrollo local mediante procesos de valorización de subproductos del arroz, así como nuevos productos agropecuarios (cultivos complementarios) y servicios en torno al aprovechamiento educativo y turístico del patrimonio.


Como colectivo implicado en la investigación, difusión y promoción del patrimonio provincial, incluido el alimentario, Sevilla Sabe inicia un nuevo proyecto en torno a la cultura del arroz, sin más pretensiones que la de contribuir al conocimiento y proyección de un sector que, a pesar de su importancia local y regional, de su contribución e la economía, cultura y naturaleza de la provincia, se nos antoja poco conocido y lejano para una gran mayoría de la población.

Ya hemos iniciado el camino con la cooperación y colaboración de diferentes agentes y actores del territorio. Comenzamos recorriendo el arrozal en compañía de los que lo construyeron [1,2], empapándonos de agua salada y manchándonos de barro en las tablas del arrozal de Las Cabezas, Isla Mayor, Lebrija, La Puebla, Los Palacios y Utrera, recogiendo experiencias y vivencias de los que habitan o habitaron los pueblos, poblados, casas y chozas del arroz,  pero también los que levantaron nuevos silos, molinos y proyectos de innovación. Comenzamos también a traducir la información en conocimiento y desde la interpretación, como método de trabajo, a la difusión y promoción del territorio en forma de visita y descubrimiento [3,4].

Gracias a todos los que colaboraron en estas primeras iniciativas y a los que desde distintas localidades de Cádiz, Málaga y Sevilla hicisteis del arrozal de Sevilla destino y experiencia.

[1] Gente del Brazo del Este (1). Phototracking Sevilla (13/08/18)
[2] Gente del Brazo del Este (2). Phototracking Sevilla (14/08/18)
[3] El Brazo del Este. Maridaje de cultura y naturaleza en la Marisma del Guadalquivir. Sevilla Sabe (17/06/18)
[4] Paraje Natural Brazo del Este. Phototrackning Sevilla (03/08/18)

jueves, 13 de septiembre de 2018

Gente con salero y arte. Salineros de Valcargado

Valcargado es salina histórica, grande de sal y salmuera, capital de lo salado y la campiña de Utrera; de casitas blancas de Sal y Salve de Consolación, playas, espejos y ollas de agua salada; torre altiva de moros, pozo romano y cortijo de cal y teja.

Añadir leyenda

Valcargado tiene mil y una noches de cuentos blancos de sal, crujir de madera curada en salmuera, vientos solanos que se cuelan entre persianas de esparto, gemidos de tierra hueca de arcilla y yeso; corriente de agua de manantial escondido, ecos de amoríos secretos y juegos de niños.

Salineros de Valcargado (Utrera)

Valcargado es tierra blanca de sal, salero y salineros, gente de Utrera, de fábrica y casa en la salina; de cocina y hornillo, catre y cortina entre ruillos y paletas de madera, serón de esparto y atroje de sal en el salero; noches de luna fría y días de sol caliente.

Salineros de Valcargado (Utrera)

Valcargado es historia viva de sal, paisaje y paisanaje; salina habitada noches y días de cosecha y venta de sal, caminos imposibles de herradura y rueda en días de tormenta y crecida del Sarro; ínsula blanca entre arroyos salados, aislada con la riada.

Salineros de Valcargado (Utrera)

Valcargado envejece como la imagen antigua del fotógrafo ambulante, cautiva de recuerdos de su pasado gloriosos, tiempos mejores de nobleza y oligarquía, aceituna y salmuera, fanegas y quintales de sal.

Pero Valcargado no sería sal ni salina sin las familias de salineros que arrugaron su piel y su vida entre montones de sal y lágrimas, sudor y sangre saladas de tajo blanco, de penas y alegrías de sequía y cosecha.

Sea la entrada de hoy para esas familias que hicieron de Valcargado salina viva como la de Don Miguel Pérez Rueda, salinero de Utrera. Nuestro más sincero agradecimiento por compartir con nosotros su propia historia y regalarnos imágenes antiguas (1960) de sus recuerdos. Gracias a nuestro amigo Paco León, maestro de cocina y salinero también por ser amante de sal y salineras de Valcargado.

[*] Entrada publicada en el ámbito del Proyecto de Revalorización de la Salina de Valcargado (Utrera)

+INFORMACIÓN: Salinas de Valcargado (Utrera)


lunes, 10 de septiembre de 2018

Rincones del Guadalquivir

Río Guadalquivir, Barcas y barcazas (Coria del Río)

Río Guadalquivir, Barcas y barcazas (Coria del Río)

Río Guadalquivir, Isla Mínima (Puebla del Río)

Río Guadalquivir, Isla Mínima (Puebla del Río)

sábado, 8 de septiembre de 2018

Flamenconimia de la provincia de Sevilla: Sabor y Saber

Café cantante. Emilio Beauchy Cano (1847-1928)

El Flamenco es patrimonio de Andalucía, el Mundo y la Humanidad; para la provincia de Sevilla es además cuna de maestras y maestros, identidad y diferencia comarcal, cultura y territorio. No hay pueblo de Sevilla que no tenga Peña Flamenca, ni evento en forma de Concurso, Fiesta, Festival, Memorial, Noche, Recital o Reunión, sea de Cante Jondo, Grande o Flamenco.

El evento flamenco toma generalmente el nombre del Saber de su pueblo como Ciudad o Villa, también el de la Comarca. En otras ocasiones es la figura o personaje local el que presta nombre y apellidos al Festival. Sin embargo es lo alimentario, sus productos y paisajes lo que otorga ese Sabor peculiar de Potaje, Mostachón, Gazpacho, Mistela, Polvorón, Aguardiente, Naranja y Melocotón.

En el Aljarafe, Almensilla cuenta con su Fiesta de Los Sentidos, una propuesta de maridaje cultural entre cocina y arte en el que no falta lo flamenco en balcones y azoteas. Benacazón tiene Potaje Flamenco y Bormujos su Alquería. Rafael Rodríguez Herrera da nombre al festival de Olivares, igual que el Teatro Romano al de Santiponce.

En la Campiña, Alcalá de Guadaíra cuenta con los festivales de Joaquín el de La Paula (Joaquín Fernández Franco, 1875-1933) y Manolito de María (Manuel Fernández Cruz, 1904-1965); Arahal el del Gurugú, como Memorial de la Niña de los Peines (Pastora Pavón, 1890-1969). En Mairena y Marchena, el nombre del festival es como un cante de ida y vuelta: Antonio Cruz (1990-1983) y José Tejada Martín (1903-1976) tomaron primero el nombre artístico de su pueblo -Antonio Mairena y Pepe Marchena- para hacer sendas cátedras locales de Cante Jondo en Mairena, Colombianas y Guitarra en Marchena. En La Puebla de Cazalla la fiesta es Reunión y casi homenaje permanente a Francisco Moreno Galván, verdadero artista global de lo flamenco. En Estepa el flamenco sabe a Polvorón y anís de Zambomba navideña, Potaje Gitano y Mostachón en Utrera, y tiene color blanco de Algodón en Lantejuela, amarillo y negro de Girasol en Los Molares, mientras que El Rubio se convierte cada año en capital flamenca de la Campiña.

Entre El Guadalquivir y Doñana, lo flamenco en Alcalá del Río tiene nombre de cuento o leyenda de Noche Blanca Ilipense y colonización en Esquivel, Puertas Abiertas en La Algaba, de Cerro de San Juan en Coria, Choza de Juaniquín en El Cuervo y La Era en Burguillos; nombre propio en Dos Hermanas con Juan Talega (Juan Agustín Fernández VArgas, 1891-1971), y puro sabor de Caracolá Lebrijana y Yerbauena en Las Cabezas, Mistela de Los Palacios y Villafranca, fruta madura de Naranaja en Brenes y Melocotón en Villaverde del Río.

Al Norte, El Pedroso es capital flamenca anual de Sierra Morena y Cazalla del Flamenco y el Aguardiente; Guillena de la Bulería y homenaje a Pepe Aznalcóllar (José Losada Carballo, 1912-1973) en la localidad homónima. Al Sur, Los Corrales es también capital serrana y flamenca, y el Castillo de las Aguzaderas escenario mágico de noche en El Coronil. El Saber corresponde a Pedro de la Timotea (Pedro Gómez Moreno, 1896-1986) en Herrera y Antonio Álvarez en El Saucejo; el sabor al Gazpacho Andaluz de Morón de la Frontera.

No podemos acabar esta primera aproximación flamenconímica a los eventos de la Provincia sin referirnos a la importante labor de difusión y promoción de la Federación Provincial de Entidades Flamencas entre Naranjos y Olivos o de Peña en Peña; tampoco a la de la Diputación de Sevilla y su propuesta de rutas entre Cal y Olivos, Sal y Son, y la Cuna de los Grandes Maestros; y como no, de la Bienal de Sevilla que, recién iniciada su XX edición, fue fuente de inspiración de esta entrada.

!Va por Ustedes!

domingo, 24 de junio de 2018

Fuente y Castillo de Las Aguzaderas (El Coronil)

Las Aguzaderas fue manantial de agua dulce importante en tierras secas y salobres de la campiña y sierra sur de la provincia. Como recurso fundamental del territorio fue protegido desde antiguo; así tenemos noticias de la existencia del lugar denominado Aználcazar junto a la fuente tras la conquista y repartimiento cedido al cabildo de la catedral de Sevilla.

Torre del Homenaje y albacar del Castillo de las Aguzaderas (El Coronil)
Es el cabildo el que a mediados del siglo XIV construye la base del castillo homónimo formado por la correspondiente torre del homenaje, lienzos y torres, incluida la albarrana proyectada al manantial.

Adarve y torres fachada occidental del Castillo de Las Aguzaderas (El Coronil)
La fortaleza pasa de nuevo a la corona a finales de siglo y de ésta al ámbito nobiliario de Ruy Pérez de Esquivel (1381), Pedro Afán de Ribera (1388) y Diego Gómez de Ribera (1419) que a la postre amplia el recinto amurallado para incluir la fuente, tal y como hoy lo contemplamos.

Adarve y torres fachada oriental del Castillo de Las Aguazaderas (El Coronil)
Del castillo llama la atención su localización en llano y vaguada frente a la habitual elevada de las torres y estructuras fortificadas de la banda morisca establecida tras la reconquista para la defensa y control del territorio. Es precisamente la relación con el manantial lo que justifica su ubicación y función: la protección de un recurso escaso y estratégico, igual que hicieran otras fortalezas en llano y bajo como las torres de la Alcantarilla [1] y la Salina de Valcargado [2] en Utrera.

Atalaya o especula sobre torre del homenaje del Castillo de Las Aguzaderas (El Coronil)
Llama también la atención el nombre del paraje, al que tal y como recoge el diccionario de la Real Academia de la Lengua se asociaría al Sitio donde los jabalíes suelen acudir a hozar y a aguazar los colmillos. Sin descartar lo anterior, y en cierto modo relacionado, quizás fueran herramientas y armas objeto de pulimento que no colmillos en la piedra dura (aguzadera) sobre la que se levanta la fortaleza.

Detalle de almenas Torre del Homenaje del Castillo de Las Aguzaderas (El Coronil
Se conoció también el lugar como La Aguadera o La Abusadera [3] con relación al aprovisionamiento de agua o al beber abuzado (boca abajo) debido a la baja altura de la fuente o manantial original, topónimos que no se consolidarían por ser poco frecuentes o perder la costumbre al acondicionarse la fuente.

Panel informativo del Castillo de Las Aguazaderas (El Coronil)
[1] SEVILLA SABE (2018). La Alcantarilla del Salado (Utrera)
[2] SEVILLA SABE (2018). El Salero de la Provincia.
[3] JOAQUÍN PASCUAL BAREA (2013). De Coripe (Corrivium) a Sevilla (Hispal) por Utrera (Lateraria): formación y deformación de topónimos en el habla. En: Actas VII Jornadas de Patrimonio Histórico y Cultural de la Provincia de Sevilla: Toponimia y hablas locales (24-25 de noviembre de 2011). Casa de la Provincia. Sevilla. Ed. M. GARCÍA FERNÁNDEZ y J. REINA MACIAS. 49-74.

sábado, 23 de junio de 2018

La Alcantarilla del Salado (Utrera)

Los Paisajes del Agua de la Provincia están llenos de vida e historia. La Alcantarilla del Salado en Utrera es hito de interés arquitectónico y arqueológico que, como muchos otros, engorda la lista amplia del patrimonio histórico de la provincia, pero flaquea presa del olvido y el abandono.

Alcantarilla sobre el Salado de Morón (Utrera)
Como puente romano original sobre la vía Augusta, remodelado y fortificado en tiempos de reconquista para la defensa y fiscalización del territorio, la Alcantarilla sigue siendo punto de paso del Salado de Morón, corriente de agua salada desdibujada aguas abajo del embalse de Torre del Águila, y puerta de entrada de la campiña a la marisma de Sevilla.

Alcantarilla y Salado de Morón (Utrera)
Poco queda del paisaje dibujado por Hoefnagel hace más de 450 años. La imagen antigua llena de vida, agua, puente, fortaleza y gente, aparece hoy simplificada, banalizada por lo agrario, la infraestructura y el desarrollo. El viajero corre ahora deprisa y  motorizado; el agua dejó de correr hace tiempo con la canalización y el nuevo canal, haciendo del arroyo más carrizal y desagüe que corriente, y del molino ruina; la venta reconvertida a cortijo, en alto hasta los noventa, no es más que otro montón de ripios junto a la carretera.


Restos de la fortificación original (Torre de la Alcantarilla, BIC. Utrera)
Allí quedaron los campamentos de las legiones del Cesar, las partidas de Diego Corrientes, el paso de la vieja locomotora, el replicar de campana de ermita antigua, el trazo mágico de la cantería, y el viaje de ida y vuelta de su columnata morisca desde el Salvador de Sevilla a la Marisma: mitos y leyendas de la tierra y el agua de la provincia.

Gliptograma de la Torre de la Alcantarilla (Utrera)

Civitates Orbis Terrarum. La Alcantarilla (Joris Hoefnagel, 1565)

domingo, 17 de junio de 2018

El Brazo del Este. Maridaje de cultura y naturaleza en la Marisma del Guadalquivir

En el amplio espacio de la Marisma del Guadalquivir, el Brazo del Este es ejemplo de maridaje complejo de naturaleza, agricultura, ganadería y pesca; síntesis de paisajes de agua y alimento, cazuela natural de arroz, cangrejo, carne y pescado.

Club Gastronómico Km 0 de Málaga en el Brazo del Este
Se habla de la conquista y colonización de las tierras bajas del Guadalquivir, como proceso de transformación reciente de un espacio llano y su río, de tierra y agua saladas, vida y esperanza de lugareños y colonos que hicieron de la marisma infinita, territorio, choza, poblado y pueblo.

Volada de avocetas y espátulas en el Brazo del Este
Desde Los Palacios y Villafranca, El Brazo del Este nos espera como espacio marismeño de arrozal, caño y cauce viejo. En cada parada, un producto, un paisaje y paisanaje palaciego. En las tablas, el arroz, silos y secaderos que recuerdan historias duras de siembra y cosecha; en el caño, el agua, el pescado y el cangrejo, ingenio de compuerta y bomba, pero también de saber de nasa y atarraya. Y en la Madre Vieja del Betis soberano, revuelo de pájaros, cantos de sirenas aladas que desde la Doñana seca del verano, buscan como nosotros el refugio del agua.

Paisajes del agua en el Brazo del Este
Hoy la jornada ha sido especial, La visita de mañana se transformó de inmediato en experiencia compartida de viaje y alforja, brindis con aguas del Guadalhorce y el Guadalquivir, acompañado de espeto de enea y albures, maridaje de sol al son de la corriente y la brisa de la marisma, abrazo entre Málaga y Sevilla, Sevilla y Málaga, a la sombra de la Atalayuela soñada de Los Palacios y Villafranca.

Arrozales del Brazo del Este
Gracias a todos los amigos y amigas del Club Gastronómico Kilómetro Cero de Málaga por compartir la defensa y difusión del patrimonio alimentario andaluz y hacer de la Marisma y su alimento, objeto de experiencia y promoción.